CONEXIONES
Editorial 5

Enrique Kogan con Emilio y Gloria Estefan.
HOY, DIA 2, DESPUES DEL HURACAN WILMA
Esto está acá de terror. Miami y Ft. Lauderdale quedaron semi destruidas. Fue peor que Andrew en el 92, y ahí sí que la pasamos feas, con una ex, muy buena chica, por cierto... hoy casada y frustrada, pobre. Me acosté con la oscuridad a las 9:30 PM, la ciudad estaba en Estado de Sitio, no se podía salir después de las 8:00 PM. Me levanté a las 6:00. Escuché alguna radio en Español. Estas abrían las líneas para que las viejitas digan que en Cuba no pasaban tanta angustia, que el árbol se les cayó y que si alguien las podía ayudar. Daban su direccion. Me deprimí, quise anotar la dirección de una que tenía a su perro sin agua, ni comida, pero no pude agarrar su datos, le cortaron el teléfono rápido a la pobre. Cambié a una radio americana. Ahí estaban algo más serios, todos lo vieron como el fin de mundo, que todo estaba todo destruido, que bla, bla, yes yes, que la guadia nacional, que el agua y comida la dan aquí, y allá, que los de emergencia están acá, que los de Greenpeace, qué sé yo, me aburrieron.
Apagué la radio para ver el amanecer. Como no había agua me lavé en la ducha al estilo francés, con un vasito de agua para ahorrar. Me hizo acordar a mis días de mochilero viajando por Europa, me sentí joven de nuevo. Una gota acá, otra gota allá, un poco de perfume y a la francesa, chau. De ahí decidí ir a comprar algo, a encontrar algo abierto. Bajé del piso 17, donde vivo. Me vino bien, un poco de ejercicio a la mañana nunca viene mal.
El supermercado estaba abierto!! Compré todas las latas y agua que pude meter en mi canasta, porque los carritos ya se habían terminado. Cuando terminé, las colas estaban interminables. Llego a una que parecía la más chica y una señora me mete el carro al segundo antes de llegar yo. Me vio con carra de perro, parecía que estaba lista para una guerra nuclear, tenía el carrito lleno de latas hasta más no poder. Le faltaba el casco de guerra.
Esperé un buen rato en la cola. Cuando la señora decide sacar las latas, incluida las de comida de perro (ahí casi se me escapa preguntarle si eran para ella, pero mejor me tapé la boca) tardó unos 20 minutos a paso de tortuga renga, y al final llega su cuenta y le da una tarjeta. La cajera ve la tarjeta y le dice que parece que acá no la aceptan. La "querida señora" pide hablar con el manager. En ese momento pensé en retroceder, pero atrás mío había unos 30 más, y no me quería imaginar en otras colas. Así que, mordiendo la lengua, y aguantando hasta que venga el manager, esperé.
Este llega y le dice que la tarjeta Pirulo Visa no la aceptan ahí. La mujer, a los gritos, convenció al manager y la aceptaron. Nos tuvo otros 15 minutos más esperando. Buen truco el de la señora, aprovecho el dia post huracán y sacó su tarjeta Visa del "Banco Napoleon Ninguna parte" y la embocó. Luego de firmar unos papeles, decirle al manager las bendiciones y gracias por todo, llegó mi turno. Pagué y volé.
Compré unos teinta kilos entre latas, galletas de todo tipo y agua, para aguantar unos días sin luz, agua, ni nada. Llego al departamento y le pregunto al de seguridad si anda el ascensor (elevador), me dice que no. De pensar en subir 17 pisos con treinta kilos de cosas, ya me canso. Llego al tercer piso y me doy cuenta de que estoy fuera de forma. Respiro hondo y sigo. Al quinto no puedo mas. Paro, respiro y sigo. Al séptimo, puteo a la señora del supermercado, y de bronca sigo. Al noveno me quedo sin aire y pienso en esa pelicula del corredor que nunca llega y la gente le grita seguí, seguí. Respiro, me siento ganador y sigo. Al decimo ya no podía más, los pies estaban que no los sentía, transpiraba como si hubiera corrido el maratón de Boston.
Me senté un segundo, pensé en un hermosa mujer que conocí en Argentina, que era profesora de gimnasia y que me cambió por un atleta más joven. Me dio fuerzas para dos pisos más. Ahí dije que no ya no podía, estaba en el 12 y hasta el 17 no llegaba. Pero, Aleluya!! no hay 13, en este país son todo superticiosos y no hay piso 13!!!
Subí uno más de la felicidad, hasta colapsar, tanto que casi me da un infarto. Me tiré en el piso... pensé: no hay bomberos, ni ambulancia que pase por acá en estos momentos, me muero en la escalera. No, si me muero tiene que ser en la gloria. Me levanté y seguí.
En eso esta bajando con su perro una vecina del 16 que está super buena. Ahí tuve que hacer de lado el cansancio y como si no hubiera pasado nada, le dije Good morning. Me miró y con poca bola me dijo: Hi. Pensé, habrá visto algo mal en mí ? A todo esto, llego al 16 y ahí sí, ya no pude más. Pensé en dejar la mitad de la cosas y venir a buscarlas, pero en tiempo de huracán una lata es una lata y, si la dejo ahí, a la vuelta "se perdió". Me acordé de los 17 años y de mis ejercicios de karate. Me senté en posición de Kata (una posición sentada?) y respiré hondo. Esa respiración me llevó a mis años de karate. Au, gy, chua, Yi, ya, pou, chs, y después de dar todos esos golpes en sueños, me levanto, como Rocky en el round número 15 y ahí segui, Ta, ta, ta, ta, ta , ta ta, ta, ta, puse la canción de Rocky en mi cabeza y seguí. Llegué a la puerta, más cansado que Rocky en el round 15. Al final del round él gritaba y buscaba a su novia, con su cara machucada. Yo gritaba porque la puerta de emergencia se abriera, tenía todo machucado.
Llego al 17, a mi casa, tiro las bolsas en la puerta, y no encuentro la llave para abrir, me siento mal. No la encuentro, la p...m...q...t..pa...... Ahí estaban, en el bolsillo donde nunca las pongo. Abro la puerta, pateo todo para adentro, corro a la cama, me tiro, me baja la presión que ni hablar. Tuve una sensación de cansado como si hubiera hecho el amor con Pamela Anderson por dos horas sin parar, y en todas las posiciones.
Al segundo veo que se prende la luz del baño. Llegó la luz!!!!! Con los dedos machucados, y con cero fuerza, llamo al de seguridad y le pregunto: Vino la luz ya? Sí y ahora el ascensor trabaja también. Me quedé pensando. Me tendría que hacer creyente algun día... Dios me largó por unos minutos esta vez?
Bueno -dije- Al fin !! Tengo luz, agua, elevadores e internet. Soy uno de los 5% de afortunados en Miami que lo tienen, Dios se apiadó de mí!! Llamé a todo el mundo para darme cuenta de que soy el único con luz, agua, teléfono e internet.
Estoy comunicado con el mundo, pero sigo incomunicado con Miami.
Enrique Kogan, octubre 26, 2005.
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